Como muchas otras madres de este país y me atrevería a decir de este planeta, la mía tiene la sana costumbre de salir a andar casi a diario. Power walking lo llaman ahora, ir a andar, como se ha dicho toda la vida. Lo hace con un grupo de vecinas que con el tiempo se han convertido en grandes amigas. Durante esos trayectos ellas comparten confidencias, comentarios, penas, alegrías y ahora también WhatsApps. Todos los memes de gatitos y demás animales ya han pasado por el grupo de Las andarinas, como ellas se han autobautizado.

Ilustración: Guillermo Sanchidrián

Y fue en uno de esos trayectos donde se fraguó mi siguiente cita. Una de las madres tenía otra amiga con un hijo de cuarenta años que decía que era un alhaja. Vivía en un piso estupendo en el barrio de Las Tablas, era guapo, alto, fuerte, independiente, ordenado, manitas, inteligente y trabajaba como visitador médico.

Cuando mi madre se puso a hacer la descripción de las virtudes del hombre en cuestión al más puro estilo José Luis Moreno, una alarma se activó automáticamente en mi cabeza: “si es tan encantador… ¿por qué no tiene novia?” Enseguida me respondí yo misma: “¿y tú qué maja? También estás soltera”. Ya, pero yo no voy contando por ahí todas las virtudes que tengo. Aunque igual mi madre sí, la pobre con las ganas que tiene de que en las bodas familiares no siga sentada en la mesa de los niños, es capaz de contar que soy rubia, con ojos azules y que tengo hasta un premio Nobel.

Total que accedí a quedar con el muchacho en cuestión, Sergio para más señas, por temor a la ira del grupo de Las andarinas. Una tarde de domingo en la entrada de una bonita cafetería del centro tendríamos nuestra cita a ciegas.

Llegué puntual (raro en mí) y allí estaba Sergio con un abrigo largo negro hasta los pies. De esos que usaban los puertas de las discotecas de la zona de Torreuropa para infundir temor. Hacía años que no veía uno, pero la moda es cíclica, viene y va. Y cuando menos te lo esperas regresa con unas hombreras o unas camisetas por el ombligo (crop top que lo llaman ahora).

Nos sentamos y comenzamos con las típicas preguntas de rigor: ¿Conocías este sitio?, ¿has podido llegar con facilidad?, ¿te gusta Madrid?, ¿qué aficiones tienes?, ¿prefieres arriba o abajo?

Luego Sergio preguntó si me gustaba el cine. Le confesé que sí y me alegré de tener esa afición en común. Ya nos veía pasando los domingos por la tarde bajo una manta y viendo pelis en blanco y negro (nada de Colega, ¿dónde está mi coche? y películas de ese calado intelectual). Formuló entonces la pregunta que cambiaría para siempre el rumbo de nuestra “relación”: ¿Has visto Blade Runner? Confesé que no, que no la había visto. No es que mutase su cara cuando oyó mi negativa, es que comenzó a moverse en el asiento como si tuviera urticaria por todo el cuerpo.

Unicorinio Blade Runner“¡¡No es posible!!” consiguió articular entre balbuceos. “Es la fuente de la que mana todo el cine posterior, hasta Christopher Nolan se inspiró en ella para hacer Batman” me explicó con los ojos como platos. Intenté excusarme diciendo que las cintas futuristas no eran lo mío. “Eso es lo que os pasa a los que no captáis el mensaje de la película ni aprecias todos sus matices. Es la culminación de un género que propicia el acercamiento a la reflexión filosófica sobre el origen y el sentido de la especie humana, así como el sentido último de la vida”.

Blade Runner es una obra maestra con mayúsculas, es el origen de todo. Y no soy el único que lo cree, tengo un grupo de amigos con el que cada 25 de junio, el día de su estreno en 1982, nos reunimos para rendirle el homenaje que merece, en el Día Blade Runner” añadió.

Creo que a la madre de Sergio se le había olvidado comentar al resto de progenitoras que su hijo era un friki, a mí me encanta Dirty Dancing y no por eso hago un día conmemorativo ni detengo mi vida cada vez que la ponen en televisión. Le pregunté en qué consistía el Día Blade Runner y me contestó que si no había visto la película no estaba preparada para entenderlo.

Continuará.

Sergio, the Blade Runner II
Manolo, el policía.
Categories: Citas

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