Mateo el runner

¡¡En mala hora se me ocurrió decirle a mi amiga Noelia que había empezado a correr!!

Lo primero porque no era del todo cierto. Había empezado a salir de vez en cuando a andardeprisacasicorrer (todo junto a ver si lo acepta la RAE). Mucho andar y poco correr. Y menos en el parque donde solía ir, que la gente iba flechada como si estuvieran en las olimpiadas, cualquiera se ponía a su lado para que le humillaran.

Y lo segundo porque no imaginaba que Noelia fuera a empeñarse en que tuviera una cita con uno de sus compañeros de trabajo con el que yo supuestamente compartía esa afición. Se llamaba Mateo y él sí que era un auténtico runner.

Tras vencer el desánimo inicial y echar un vistazo a un par de blogs de running para que no me pillara desprevenida, accedí a quedar. No fue una tarea fácil, además de los entrenamientos diarios el calendario de Mateo estaba llenísimo: la media maratón de su pueblo, cross de la universidad donde estudió, maratón de los montes de Cobeña, Orihuela corre por Orihuela (nada mejor que un pueblo del levante en plena gota fría para disfrutar del deporte), la Milla Solidaria, la carrera contra la Malaria, Corre por tu Planeta, etcétera etcétera. Si había una causa benéfica por la que echar a correr allí que iba a Mateo. Como la madre Teresa, pero con zapatillas.

Una vez que conseguimos quedar en un bar del centro lo primero que me soltó tras darme dos besos fue:”Bueno Esther, ¿tú que: pronadora o supinadora?”. No, no se refería a un grupo de música ni nada parecido, ni al nombre del bar donde podríamos ir después, ni tan siquiera a una nueva postura en la cama. Gracias al estudio previo del sector ya sabía que preguntaba por el tipo de pisada. ¿Qué si era importante? Pues no lo sé, igual era una señal de absoluta certeza para saber si estábamos hechos el uno para el otro. Me la jugaba al 50% así que dije pronadora, del latín pronus. Son los que al correr pisan con la planta interna del pie y tienden a juntar las piernas. Si ya me lo decía mi madre, que en la vida mejor sin separar las piernas.

Después de pedirse un aquarius (yo había optado por la cerveza porque con un poco de alcohol es más fácil romper el hielo) me preguntó con qué grupo iba a entrenar. “¿Con el grupo de mujeres de la tienda Nike de los martes, con el grupo del parque Juan Carlos I, con los del gimnasio….?

Ilustración: El mono que pinta

¿Cómo iba a explicarle yo a este hombre que yo los gimnasios no los pisaba? Y eso que dicen que allí se liga muchísimo. No sé yo si después de una clase de spinning sudada y medio desfallecida ofreces tu mejor imagen. Aunque la de las 6 de la mañana cuando dan las luces de la discoteca y te ves con el rimmel corrido, también sudada y los pelos revueltos tras varias coreografías a lo Raffaella Carrá, dudo que sea el momento más óptimo para el ligue.

Total que le dije que corría por libre, así, como un espíritu independiente. Y ahí vino la pregunta más chunga de todas: “¿cuál es tu marca?” ¡Ajá! Me había pillado, y con todo el equipo. Momento de ir al baño y tirar de internet o de whatsapp para decirle una cifra normal, ni muy por encima ni muy por debajo de la media. Debería haberme figurado que en el baño del local no habría cobertura y que ninguno de mis colegas “runners” contestaría a mis plegarias.

Así que me armé de valor y cuando volví a la mesa le dije que no me cronometraba, que no quería obsesionarme con las marcas. Prácticamente se le salieron los ojos de las órbitas, me dijo que así no iba a avanzar nunca ni superarme a mí misma, y que él estaba dispuesto a cronometrarme la próxima vez que fuera. Para eso él tenía un reloj específico de Garmin que le había costado una cantidad indecente de dinero, y que estaba sincronizado con un dispositivo insertado en su zapatilla. Entre otras cosas le medía las calorías perdidas, las pulsaciones, los pasos que daba y si la dirección del viento le era favorable. Le pregunté si también le hacía la compra y la comida pero no le hizo gracia el chiste.

20504179-imprint-soles-shoes-sneakers-Stock-Vector-shoe-sole-01Después de una pausa un tanto embarazosa (y después de que yo le prometiera que sí, que le avisaría cuando saliera a correr, soy una cobarde total) me preguntó qué tipo de música me gustaba.

Pensé que era la oportunidad para cambiar de tema, para hablar de grupos que nos molasen, de conciertos a los que habíamos ido, pero no, se refería a la música que prefería para ir a correr. Y acto seguido cogió su móvil y me mostró todas las listas que había configurado en Spotify: para los días que vas a medio gas, para cuando corres acompañado (si corres con alguien ¿para qué llevas música?) para cuando quieres darlo todo…

También me enseñó las fotos en su móvil de los nuevos auriculares Bluetooth que se había comprado porque iba más cómodo y su nueva sudadera Under Armour, la marca que lo estaba petando (y yo que todo lo compraba en Decathlon o Primark).

Mientras Mateo hablaba y hablaba cada vez tenía más claro que ni era una auténtica runner ni tenía nada en común con él, y mira que el muchacho estaba muy bien y era pura fibra. No tenía mucho sentido prolongar aquella cita. Me salvó la alarma de su teléfono, había quedado para ir a correr con unos amigos. Por una parte me molestaba que hubiera un tiempo ya limitado para nuestro encuentro pero por otro lado pensaba que no servía de mucho alargarlo. Así que muy cordialmente nos dimos dos besos y nos despedimos.

La semana siguiente me llamó todos los días para preguntarme si iba a cronometrarme, a la otra semana una vez cada dos días (es increíble la cantidad de excusas que podía inventarme: un tirón en la pierna, reunión de trabajo a última hora, abuela en el hospital, perro con gastritis –no tengo ni perro ni abuela ya- etc. etc.) A las cuatro semanas se cansó y me escribió un mensaje: “Esther, si no te estás esforzando en ir a correr tampoco creo que sepas esforzarte en mantener una relación.” ¿Cómo te quedas? De piedra pómez.

Hace poco vi a Mateo corriendo por el Retiro. Le estaba midiendo los tiempos a una pobre chica a punto de sufrir un ataque cardíaco. Me estuve fijando en ella mientras corría. Juraría que era supinadora.

Mario, the pet lover I
Berlín bien vale una cita
Categories: Citas

One Response so far.


  1. […] y, para solucionarlo, aprovechando que estaba en el mes de los buenos propósitos, (el de correr ya lo había probado y no quería repetir experiencia) decidí buscarme un profesor […]

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