¿Alguna vez has querido meterte en la piel de otra persona? Olvidar tu entorno, tus problemas y alegrías, y quizá, solo por un rato, jugar a ser fulanito de tal o menganito de cual. Suena a película de sobremesa made in Hollywood. Pero si has sentido esa necesidad entenderás las razones que me llevaron a hacer lo que hice.

Ocurrió así de repente, no estaba premeditado. Estaba esperando a mi amiga Isabel en la plaza de Antón Martín y llegué temprano. Me coloqué cerca de la salida del metro a esperar y muy cerca había un chico con actitud intranquila. Muy nervioso, no dejaba de mirar a todos los lados, escudriñando a cada chica que pasaba y ojeando con frecuencia su móvil. Tiene una cita pensé, estará inquieto. Cuando nuestras miradas se cruzaron le sonreí, como para transmitirle buenas vibraciones. Ese fue mi error, o mi acierto, según se mire.

¿Eres… Gema?” preguntó tímidamente cuando se acercó a mí. “¿Matsumoto 36? Soy Fran, Uwajima 33”. No sé qué pasaría por mi cabeza cuando mencionó aquellos nombres de Pokemon, pero de mi boca salió un “sí”. Posteriormente descubrí que son dos nombres de castillos de Japón y sus coordenadas, ayssss ¿se puede ser más romántico?

“¡Menos mal! es que me estoy quedando sin batería y con las prisas he olvidado coger el cargador. Como sé que detestas la impuntualidad no quería volver hasta casa para cogerlo y arriesgarme a llegar tarde”. (Hija Gema, los diez minutos de cortesía no hay que negarlos a nadie o la media hora para algunas amigas).

Yo me limité a sonreír y a asentir. “Había pensado que podíamos tomar algo antes de entrar al cine y así charlamos un poco” (¿Cine otra vez? ¡Qué maldición es ésta! ¿Qué película me tocaría ahora? ¿Hice algo a los Lumiere en otra vida?)

Ilustración: El mono que pinta

Cuando comenzamos a caminar me dijo que me notaba distinta a la única foto que le había mandado. Presa de una risa nerviosa le confesé que no me consideraba muy fotogénica. (Ya tenía algo en común con Gema). “Pero en persona ganas un montón, tienes una sonrisa muy dulce y una mirada muy sincera” y hasta se ruborizó un poco. (Sí, Fran, sí, sobre todo, sincera). Estuve tentada en ese momento de decirle la verdad con lo único que tenía sincero en ese momento: mi arrepentimiento. Pero llegada a este punto no veía marcha atrás: ¡Show must go on!

Los nervios de Fran me ayudaron a que no me descubriera, no dejaba de hablar y hablar sobre todas las cosas que supuestamente teníamos en común: un poco de manga, otro poco de escritura en kanjis, algo del cine de Miyazaki y mucho de Oriente en general. Creo que no he repetido más “ajá” en mi vida.

A punto estuve de delatarme cuando en el bar cercano al cine se me ocurrió pedir la carta para ver qué podía tomar. No me dio tiempo porque Fran llegó con dos infusiones. “Es fantástico que a ninguno de los dos les guste el alcohol”. (Pero Gema hija, ni siquiera una cervecita en una primera cita).

Después del brebaje lavatripas (mi padre llama así a las infusiones y ahora entiendo el porqué) comprobé en la puerta del cine que mi embuste se iba a caer con todo el equipo. “Sé que la has visto más de una vez pero como me dijiste que era tu favorita no quería perder la ocasión de compartirla”. Y ahí estaba el cartel de Hierro 3, una película de Kim Kim Duk. (Lo supe porque lo leí, no porque supiera quien era ese hombre con nombre de plato tailandés). Por supuesto en versión original, y subtitulada al inglés.

No voy a desvelar nada de la película por dos razones. La primera por no fastidiar a quienes no la hayan visto, y la segunda, porque apenas me enteré de nada, lo confieso. Salí del cine con una sensación de ignorancia absoluta y pensando por segunda vez en desvelar mi trama.

Para ser la décima vez que ves Hierro 3 has estado muy concentrada Gema”. Una vez más recurrí al “ajá”. “Ya sé que es algo tarde pero quería hacerte una proposición, espero que no te parezca que voy muy rápido pero me siento muy a gusto a tu lado.”

Me preparé para cualquier cosa, a saber que le habría contado Gema también. “Te parecerá un atrevimiento pero como me dijiste que eras una experta haciendo sushi había pensado que podíamos ir a mi casa, o a la tuya, y probarlo”.

¿Era una frase en clave: hacer sushi?¿tenía algún significado oculto? Con esa sinrazón que me había guiado toda la tarde le contesté que claro, que a la suya. Eso sí, le advertí que yo era de las que cocinaba en solitario, sin público. El detallista y encantador de Fran tenía todos los ingredientes y utensilios preparados en la cocina de su casa, incluyendo una especie de pergamino enrollado como de bambú (Makisu lo llamó) y una olla un tanto curiosa (Hangiri).

franotaku-02-01Hora y media después abandonaba su cocina sudando, con cara de desesperación, la tarifa de datos agotada de tanto mirar en Internet “cómo hacer sushi” y una especie de rollitos que asemejaban más a morcillas de Burgos que a cualquier cosa que viniera de Oriente. Dos horas y media después estábamos en urgencias del Gregorio Marañón con unos retortijones de tripas espantosos y habiendo vomitado hasta la primera papilla.

Mientras nos ponían la vía para el suero y el Fortasec en dos camillas contiguas, cogí la mano a Fran, busqué su mirada vidriosa y le confesé la verdad, que yo no era la auténtica Gema, que lo sentía mucho, que estaba profundamente arrepentida y que me sentía fatal por haberle casi envenenado.

Fran suspiró, hizo un largo silencio (la enfermera no daba crédito a la escena que estaba viendo), y me dijo: “Ya sabía que tú no eras Gema, pero no me hubiese perdonado nunca no tener una de las mejores citas de toda mi vida”.

Alex, el teclista.
Antonio, el de Tolosa.
Categories: Citas

Leave a Reply


*

  • Tengo alguien para ti