Ho Ho Ho, ya está aquí la Navidad (nos la llevaban anunciando desde Agosto) y con ella esas tradiciones que nos llenan de ilusión: las cenas en familia (donde por supuesto te estigmatizan por seguir soltera), superar el límite de crédito de nuestra tarjeta en compras, pillar lotería hasta del gimnasio al que nunca vas (¿y si toca?) etc. etc.

Una de las primeras tradiciones en llegar es la temida y anhelada cena/comida de empresa. Después de unos cuantos eventos de este tipo a mis espaldas, he pensado que estaría bien ofrecer una pequeña guía acerca de cómo sobrevivir con dignidad. La típica guía que, de haberla seguido, otro gallo me hubiera cantado.

  • Podrían cuantificarse en decenas, ¿qué digo decenas?, ¡centenas! las recomendaciones que ofrecen revistas, webs, blogueros y blogueras de todo el mundo acerca del outfit perfecto para la ocasión. Pues bien, obsesionarse con ese LBD que a la modelo le queda de cine y que, encima no te ha salido nada barato, puede hacerte sentir envasada al vacío. Y sí, esos zapatos de tacón imposible te estilizan las piernas. Luego no te lamentes si acabas con ellos en la mano mientras, descalza, pisas todos los charcos de la Castellana y algún meado de perrete.
  • ¿Ir a la peluquería? ¿Acaso se trata de la boda de tu hermana, de tu amiga íntima, o de una cena/comida con la misma gente que ves todos los días y que estás deseando perder de vista?
  • ¿Dónde me siento? Solo recuerda que tus compañeros del día a día serán los que guarden silencio cuando chupes las cabezas de las gambas.
  • Que buenas esas cañas precena que empiezan a las 2 de la tarde y de las que llegas haciendo la conga extrema (no a las congas) y con unos cuernos de reno en la cabeza (no a los cuernos ni a los sombreros de árboles de Navidad).

    Ilustración: Guillermo Sanchidrián

  • Esto es como las bodas, hay que ir con hambre, pero relativa. No es necesario que el resto de la empresa sepa que el jamón del bueno hace tiempo que no lo catas.
  • Sobre la bebida (o el exceso de bebida) no seré la primera en opinar. Agarrar el vaso como si fuera tu mejor amigo, mientras vas a desearle al jefe unas felices fiestas no es la mejor versión de ti misma. Sobre todo si empiezas a arrastrar las sílabas finales.
  • Si sigues con el vaso en la mano (que mágicamente vuelve a estar lleno, milagros de la barra libre o de aquello de “otra ronda que paga el jefe”) no es el momento de pedir un aumento, ni de decirle que trabajas mucho. Pero tampoco para contar lo poco que te gustan estas fiestas y lo sola que te sientes en Navidad, pero sooooolaaaaa, muyyyyy sooolaaaaaa.
  • De la misma manera que no hay que dar la chapa al compañero de turno, no se la aguantes a nadie (no te importan las veces al día que discute tu jefe con su esposa o que desde que nacieron sus mellizos ya no tienen sus “sábados sabadetes”). Para hacer terapia hay profesionales del diván que cobran sus buenos euritos.
  • De repente alguien saca una guitarra, y otro una pandereta, y tú vas corriendo a por una botella de anís del mono para acompañar al dúo. O lo que es peor, te pones a taconear como si supieras bailar flamenco. No te quejes si luego te apodan la Farruquita.
  • Si cuando alguien dice selfie acudes de inmediato, no olvides que te van a etiquetar en Facebook, Twitter, Instagram, Latergram, Pinterest y hasta Google + aunque nadie lo use. Recuerda aquello de “Sé lo que hicisteis la última cena de empresa”.
  • ¿Cómo no te vas a tomar una copa después? Y luego otra, y otra. De repente sales del garito en cuestión y está el sol en todo lo alto, y la gente yendo a trabajar, o tus vecinos yendo a comprar el pan. Ten presente que una retirada a tiempo es una victoria.
  • ¿Quién dijo que era una buena idea ir a un karaoke? Ese momento cantando All By Myself a pleno pulmón y con lágrimas en los ojos no se ha borrado de la retina de algunos de tus compis, tampoco el dueto Juntos a medias con tu jefe.
  • Cuidado con esas amables e inocentes ofertas de compañeros para llevarte a casa en coche a altas horas de la madrugada. Sin saber cómo, estás con las bragas en la mano en un descampado o en la puerta de un motel de mala muerte.
  • Junto con la de moderarse en la bebida, la de la no liarte con tu compañero es de las recomendaciones trending topic. Si a las pocas horas les veremos en la oficina y esos besos salvajes detrás de un contenedor te parecerán de todo menos agradables (y ese lunar tan sexy bajo el ojo en realidad una verruga). Todo este punto es extensible a tu jefe.
  • Recuerda que siempre podrías ser recordada como la que más la lió en la comida de navidad, hasta que venga otra persona que la lie más y te quite ese puesto. Esperemos que no vuelvas a ser tú.
  • Pero sobre todo, y ante todo, ésta es mi máxima: pásatelo pirataaaaa.
Aquellos maravillosos años (en la playa)
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