Hay un momento de tu vida en el que, sin saber cómo, dejas de ser una jovial muchacha para pasar al siguiente estado de la vida, ósea, adulto. No me refiero a cuando te llaman señora por primera vez en el metro o cuando compras tu primera crema antiarrugas; sino a cuando tu actitud en la playa da un giro de 360 grados.

Habrá quien me considere una exagerada pero más de uno se sentirá identificado en estos ejemplos:

Antes: ni te planteabas ir a la playa con sombrilla, así te bronceabas antes y, si no podías soportar el sol, te sentabas a la orilla del mar para que te llegara la brisa.

Ahora: la sombrilla (ya no una de propaganda sino una que has comprado ad hoc) se ha convertido en una extensión de tu brazo durante todas las vacaciones.

Antes: eras de las que te ponías aceite de coco, aceite de zanahoria, o aceite de coche usado si me apuras, si con eso te ponías morena antes.

Ahora: tienes varios tipos de cremas de protección solar que llevas contigo a todas partes, y ninguna baja del factor 50 (porque no lo hay mayor).

Ilustración: Guillermo Sanchidrián

Antes: no te preocupaba la hora en la que bajabas a la playa, siempre podías encontrar hueco bajo la silla gigante del socorrista.

Ahora: eres capaz de levantarte al alba en vacaciones para coger primera fila y pelearte con los abuelos que hacen lo propio y son auténticos especialistas.

Antes: te ibas a dar un paseo por la playa y recibías todo tipo de flyer e invitaciones para ir a las fiestas y los garitos de moda.

Ahora: el único que te hace algo de caso durante ese paseo es el niño al que le estás pisando su castillo de arena.

Antes: no te importaba embadurnarte bien de arena, hacer la croqueta o dejar que te enterrasen.

Ahora: haces auténticos malabares para no pisar la arena y serías capaz de firmar en Chance para que la asfaltasen.

Antes: te comprabas el biquini con menos tela de la tienda, y eso que todavía no se habían puesto de moda los biquini tanga.

Ahora: tu única duda es entre el traje de neopreno o la túnica de King Africa.

Antes: no podía faltar la música en la playa aunque eso implicase llevarse el pesado radiocasette con las cintas de Boom 8, Maquina Total 9 o Caribe Mix 11.

Ahora: no te importaría estrangular con tus propias manos a los niñatos que están escuchando reggaeton con o sin auriculares porque, al volumen que lo tienen, tú lo escuchas igual.

Antes: viajabas muy ligera de equipaje, para ir a la playa no era necesario ni la toalla puesto que podías secarte al sol.

Ahora: el capazo de paja se te ha quedado pequeño y necesitas una maleta tipo trolley para meter el pareo, sombrero, crema, peine, espejito, libro, revista, botella de agua, tupper con sandía, silla o tumbona, cojín hinchable para apoyar la cabeza…

Reconozcámoslo, cualquier tiempo pasado fue mejor.

¿O no?

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