Todo el mundo alguna vez en nuestra vida nos hemos puesto a dieta. Llamémosle #Operación Biquini, #Operación Fuerlorzas, #Operación me metoennelvestidodenoviacomosea etc etc. Y, al final, lo que acabas cambiando en vez de tu cuerpo es todo lo demás que tienes alrededor:

La dieta se convierte en el monotema. No importa de que estemos hablando porque, inevitablemente, siempre conduce a hablar de la dieta. Ejemplo:

Me han ascendido en el curro.

¿Sabes lo que siempre asciende? Mi talla de vaqueros por mucho que me esfuerce.

Me ha dejado Ramón

Bueno ¿y que? Yo he dejado las patatas fritas y sigo viva.

– Aquella amiga que suspendía siempre matemáticas se convierte en una genio sumando y restando calorías. Mejor que las azafatas del “Un dos tres” a la hora de calcular la cantidad de hidratos de carbono que vas a ingerir tú o el resto de comensales de la mesa.

Ilustración: El mono que pinta

– Y la que vivía en la inopia y pasaba de informarse de las cosas ahora es una verdadera maestra en la materia, sabe de la dieta Dunkan, de la de la piña, la de la alcachofa, la del grupo sanguíneo, la alcalina (fan de una dieta que se llama como una pila) etc etc.

– Ir de compras con alguien a dieta se convierte en un verdadero suplicio. Puede ser que no se compre nada o que se lo compre todo pero en la talla 34, que es la que usará cuando pierda todos los kilos que se haya propuesto. Moda aspiracional creo que la llaman.

– Quedar a comer o cenar puede ser una tortura. Lo único que aceptarán compartir será una ensalada y, si acaso, chuparán el apio que lleva. Eso sí, te mirarán con ojos golositos mientras te comes una pedazo de hamburguesa.

– Las hay muy constantes pero las que no lo son te hacen sentir muy culpable cuando tú te pediste aquella pizza y ellas no pudieron resistirse. Por tu culpa se han saltado la dieta. Ojo, que hay amistades que se han acabado por este motivo.

– Las hay que están a dieta de comida pero no de bebida y se pimplan hasta el agua de los floreros. Eso sí, la Coca Cola del cubata que sea light por favor.

– Hay una fase en la que pasan mucha mucha hambre, y a todo le ven aspecto de comida. Tu cara tiene forma de fresa o el bolso tiene forma de pepinillo.

– Con respecto a los tíos ya no se fijan en si les valorará por sus cualidades sino en si les verá delgada o si se pondrá a dieta con ellas.

 

Al final acabas tan harta que decides ponerte a dieta, pero a dieta ¡de dietas!

El amor 2.0
Categories: Vivencias

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